Dámaso y el sexo


Dámaso nació sin dedos en la mano derecha. Si buscas en Google "gente que nace sin dedos", reciben el nombre de Ectrodactilia, que bien podría ser el nombre de alguna exótica fília sexual.

Desde bien niño, había sacado pecho ante su malformación sin escrúpulo alguno. Su madre lo achacaba ésto a su virtud de hombre Leo; bravo, exitoso, arrogante. Fuera como fuese, y a pesar de lo compensado de su aspecto (bien podría decirse que era un chico vulgarmente atractivo), nunca había tenido novia.
Por eso, cuando Leonor le dejó una notita escondida dentro de la mochila en clase de Economía, comenzó a tiritar. Le ocurría a menudo cuando se ponía nervioso... cla cla cla cla cla cla cla... "nos vemos en el patio de los de sexto, detrás de la caseta de la depuradora, a las 11. Me gustas, Dámaso" cla cla cla cla cla cla cla... . Besó aquel papel cerrando fuerte los ojos, como si de la misma Leonor se tratase. Si tan solo pudiese elegir otra camisa para aquella improvisada cita... Llevaba la de pana fina marrón caramelo que su madre le compró en Los Ocho Días de Oro. Que no era bonita, pero tampoco fea.

Pasó por los baños, para remojarse el pelo tal y como había visto hacer en las películas a tantos de sus héroes, a los chicos duros. ¡Dios santo era un día genial!, ¡su primer beso!. Si su padre estuviera vivo, ¿qué le diría?. Le diría sin lugar a dudas que lo estaba haciendo bien. Su padre siempre le decía que podía con todo y más. Refuerzo positivo, camarada.
Se miró al espejo y ensayó el gran beso. Con un poco de lengua bastaba, y si la chica quería más... Pues ya había visto algún que otro video porno en el portátil de su hermano. Se las apañaría.

Decidió hacer pis antes de la ceremonia. No sea que genere algún contratiempo... Pero cuando cerró la puerta, se percató: no había picaporte por dentro. Algún mendrugo de los de octavo lo habría arrancado sin ninguna gracia ni motivo. "Vale, esta bien, respira, aún quedan 8 minutos y 35 segundos". Cuando el amor de tu vida depende de 8 minutos y 35 segundos te aseguro que sacas ingenio de debajo de las baldosas. Pero no, la verdad que al ingenio ni se le veía ni se le esperaba: solo había un burdo inodoro con su sonido de avería impertinente, y un cepillo que prefirió ni tocar. La cosa se ponía fea y Dámaso no tenía dedos suficientes como para manipular ninguna clase de cerradura. Así que no pudo más que gritar. Pero no un gritito de cobarde, sino un gritito de valentía recluida por un disparatado imprevisto. Por aclarar.

-SOCORROOOOO - Pero nadie contestó.

Quedaban 6 minutos y 14 segundos - pensó. Su padre le hubiese dicho que no pasaba nada, que todo estaba bien. Pero no lo estaba. Pasaría a quinto sin besar a la mujer de sus sueños, suspendería 9 de las 10 asignaturas que tenía consecuentemente (era imposible suspender religión), su madre se enfadaría tanto que le quitaría el monopatín y le obligaría a pasar el verano entero en casa de su tía Puri, en Cangas de Onís, donde inevitablemente Alberto y sus amigos le hundirían la cabeza en el pozo de detrás de la casa del Conde hasta que el agua le saliera por las orejas y por los ojos y por la boca a la vez y se moriría. Y su tía intentaría castigarlo en el más allá.

Leyó la notita de Leonor por última vez, la escudriñó con su mano izquierda, la buena, la del corazón, y la dejó caer en el turbulento agua del retrete. Las corrientes de la vida arrasando el amor una vez más...

Quedaban, exactamente, 1 minuto y 6 segundos.